Un día que reúne todo lo espectacular del extremo noroeste de Marruecos, de los acantilados del cabo Espartel a los muros blancos de Asilah. El minibús le recoge en su hotel, el puerto o el aeropuerto de Tánger hacia las 9 h y se dirige al cabo Espartel, donde el Mediterráneo se encuentra con el Atlántico: el faro, su pequeño museo y la vista sobre la entrada del estrecho de Gibraltar.
La carretera costera baja hasta la playa de Achakkar, donde los camellos esperan para un paseo por la arena llana. A pocos minutos se abren las cuevas de Hércules, cuya abertura natural dibuja, según se dice, el mapa de África sobre el océano.
La tarde cambia de registro. Cincuenta minutos hacia el sur y se entra en la medina de Asilah, fortaleza portuguesa encalada, ribeteada de azul y cubierta de murales. Dos horas para recorrerla con un guía local, pasear por las murallas y comprar algo, antes del regreso a Tánger.