Tres días son el mínimo honesto para ver el Sáhara de verdad, y esta ruta desde Marrakech justifica cada hora. La primera jornada cruza el Alto Atlas por el puerto de Tizi n'Tichka y sigue el valle de las Rosas hasta Kelaat M'Gouna y las paredes de Boumalne Dades, donde se pasa la primera noche en habitación climatizada con baño privado.
La segunda jornada se adentra en las gargantas del Todra, donde la roca se cierra a unas decenas de metros, antes de que el paisaje se allane, enrojezca y se abra por fin a las dunas de Erg Chebbi. Los dromedarios —o un 4×4, si lo prefiere— le llevan a la arena para la puesta de sol. Después, la cena, los tambores bereberes y una noche bajo más estrellas de las que haya visto nunca, en el campamento que elija.
La tercera jornada empieza con el amanecer sobre las dunas y termina en Marrakech, con entrega en su hotel o riad. Tres fórmulas comparten el mismo itinerario: una salida compartida estándar, una salida compartida con jaima de lujo y una versión totalmente privada con riad boutique la primera noche y Royal Desert Camp la segunda.